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El análisis de ciclo de vida trata los impactos ambientales potenciales a lo largo de todo el ciclo de vida de un producto o servicio, desde la adquisición de las materias primas, pasando por la producción, uso, tratamiento final, reciclado hasta su disposición final.

El desarrollo de la economía circular ayuda a disminuir el uso de los recursos, la producción de residuos y a limitar el consumo de energía; aseguró Javier Calderón Domínguez, presidente del Comité de Energéticos y Recursos Naturales de Canacintra nacional, en plática virtual para socios de la Cámara en Querétaro.

En el marco de la sesión extraordinaria virtual, de la Comisión de Medio Ambiente y Cambio Climático de Canacintra Querétaro, que preside Miguel Ángel de la Rosa Delgado; Javier Calderón explicó que el mundo ha estado inmerso en una cultura de gran consumismo, basada en promover la adquisición de productos y servicios, para usarlos y luego desecharlos, sin procesos de reutilización; lo que dijo, forma parte de una economía lineal.

El objetivo es identificar el proceso que se quiere analizar y el alcance de éste, el análisis de inventario corresponde a la recopilación de los datos y los procedimientos de cálculo para cuantificar las entradas y salidas pertinentes de un sistema. Luego, se evalúa el impacto del ciclo de vida (ICV) de un sistema producto, para comprender su significancia ambiental.

Elemento social

Para complementar el análisis de ciclo de vida y sus implicancias: “es necesario definir los límites del sistema producto, que debe estar asociada a la utilidad del producto”.

La evaluación de la sostenibilidad del ciclo de vida (LCSA, por sus siglas en inglés) es fundamental para tomar decisiones hacia productos más sustentables a lo largo de su ciclo de vida.

La economía circular se basa en dos principios fundamentales: mantener el valor de los productos en la economía el mayor tiempo posible y minimizar la generación de residuos.

Queremos pasar de un modelo lineal de “extraer-producir-desechar” a un modelo circular, donde la cadena de valor esté continuamente retroalimentándose, generando así un círculo virtuoso donde ningún recurso se desperdicie, donde los residuos dejen de ser agentes contaminantes y pasen a ser las nuevas materias primas del siglo XXI.

La transición desde el modelo lineal hacia el modelo circular no debe suponer un costo, sino una oportunidad. En la UE hemos cuantificado que las empresas que adopten un modelo circular ahorrarán 600 mil millones de euros al año en recursos y en costos de producción, y muchos nuevos empleos surgirán como resultado de este cambio de paradigma. Esta transición nos permitirá lograr beneficios económicos, sociales y medioambientales. La combinación de estos factores genera un modelo de desarrollo sostenible en el que el crecimiento económico es compatible con la conservación de nuestros ecosistemas y en el que el sector privado, las autoridades y la ciudadanía tienen un papel compartido fundamental.

La transición hacia una economía circular no se limita a determinados materiales o sectores, sino que se trata de un cambio sistémico que afecta a la totalidad de la economía e incluye todos los productos y servicios.

Para dar un ejemplo, podemos reutilizar materias primas como el agua. El agua es un recurso limitado y las necesidades crecientes de la población y el cambio climático harán de la disponibilidad de agua, en calidad y cantidades suficientes, un desafío de gran envergadura en el futuro. La recuperación del agua tratada para regadío, así como las mejoras en la gestión del riesgo ayudarán a proteger el medio ambiente.

Los desafíos medioambientales afectan a todos los sectores de la sociedad y su impacto es global.

Cambiar de paradigma, pasar de un modelo lineal a un modelo circular es fundamental si queremos seguir disfrutando del planeta a largo plazo.

La economía circular no es una moda, ni una ocurrencia de la UE, sino una auténtica necesidad. La población mundial aumenta, como aumenta la presión ambiental sobre las ciudades, la demanda de energía, de recursos y de materias primas a nivel global. En la actualidad, necesitaríamos 1.7 planetas para mantener la demanda de recursos actual de nuestro sistema productivo. Además, se espera que la población mundial alcance al menos 8 mil 500 millones en 2030, mientras que la proporción de personas que vive en áreas urbanas alcanzará el 66 por ciento en 2050. Concretamente, el 50 por ciento del tejido urbano que existirá en 2050 está aún por construirse. En consecuencia, de no haber cambios, el consumo mundial de materiales urbanos aumentaría más del doble hasta los 90 mil millones de toneladas en 2050, lo que implicaría un daño potencial enorme a nuestro planeta y al medio ambiente.

Una construcción más eficiente y un mejor uso de los edificios podrían ayudar a ahorrar recursos significativamente: se podría reducir el 42 por ciento del consumo final de energía y el 35 por ciento de las emisiones totales de gases de efecto invernadero. Además, se disminuiría en 50 por ciento la necesidad de extracción de materiales, ahorrando al mismo tiempo un 30 por ciento de agua en algunas regiones. La reducción a la mitad del consumo de materiales urbanos en 2050 generará nuevos nichos de mercado para las empresas que apuesten por la innovación y dispongan de una tecnología competitiva.

La economía circular es una de las mejores soluciones a muchos de los problemas a los cuales la sociedad se está enfrentando, ya que su aplicabilidad es transversal. Además, permite aumentar la competitividad de las empresas, pues las incita a buscar nuevas oportunidades de negocio, reducir costos y desarrollar productos y servicios innovadores.