La producción y el consumo de bienes y servicios generan inevitablemente algún tipo de residuos. Estos pueden ser sólidos (ya sea de naturaleza orgánica o inorgánica), líquidos (que incluyen a los que se vierten disueltos como parte de las aguas residuales) y los que escapan en forma de gases.

Todos ellos, de acuerdo a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), en función de su composición, tasa de generación y manejo pueden tener efectos muy diversos en la población y el ambiente.

Los residuos se definen como los materiales que se desechan y que necesitan estar sujetos a tratamiento o disposición final con base en lo dispuesto en la Ley General para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos. Se clasifican en tres grupos: residuos sólidos urbanos (RSU), residuos de manejo especial (RME) y residuos peligrosos (RP).

Mabeth Burgos Hernández, docente e investigadora de la Universidad Estatal de Sonora (UES), declaró que un mal manejo de estos desperdicios podría causar graves daños al medio ambiente y a la salud de las personas, sobre todo, aquellos residuos considerados como peligrosos.

“Casi todos los residuos que generamos tienen metales pesados que son altamente peligrosos como el mercurio, el plomo, el cadmio que pueden causar desde un cáncer como también afectaciones al sistema nervioso central del ser humano. También estos residuos afectan a los sistemas de los demás organismos y empieza a decrecer las poblaciones animales y las vegetales”, aseveró.

Lo que más se desechó

La propia Semarnat detalló que lo que más se generó en Sonora fueron residuos sólidos como lo son telas (244 ton), de mantenimiento automotriz (756 ton), metales pesados (2 mil 163 ton) y algunos catalogados como “otros” (6 mil 502 (ton).

También destaca la generación de aceites gastados, siendo lubricantes con 5 mil 410 toneladas el primero en la lista, mientras que hidráulicos fueron 376, solubles 45, dieléctricos 24 y “otros” un total de 760.

El tercer tipo de residuos en la lista fueron los líquidos de proceso, siendo en su mayoría no corrosivos con 2 mil 561 toneladas, mientras que corrosivos se generaron 234.

Asimismo, fueron mil 942 toneladas de desperdicios biológico-infeccioso los que se generaron en la entidad, de los cuales mil 344 fueron no anatómicos, 390 resultaron patológicos, 184 de objetos punzocortantes, 12 de cultivos y cepas, así como 10 de sangre.

Burgos Hernández mencionó que cada empresa generadora tiene que contratar a otras compañías que se dedican al manejo de los RP, los cuales son trasladados a diferentes confinamientos, en este caso ya sea en Nuevo León o en Baja California.

“Los residuos peligrosos son de competencia de la Federación y cada empresa tiene que reportar la generación de residuos peligrosos anualmente y está obligada cada empresa privada a contratar una manejadora de residuos autorizada por Semarnat y ya estas empresas manejadoras de residuos peligrosos las envían a confinamientos”, manifestó.

Foto: Cortesía | @profepa_mx

Residuos en el hogar

Sin embargo, la especialista indicó que en los hogares no sólo se generan residuos urbanos, sino también algunos que son peligrosos, mismos que llegan a parar a los rellenos sanitarios: situación que no debe pasar desapercibida.

“En la casa-habitación, que es tanta la cantidad que se entrega, se entrega todo revuelto, inclusive los peligrosos van a dar al relleno sanitario, eso es altamente peligroso porque no deben ir residuos peligrosos, llega a fallar la obra ingenieril del relleno sanitario, imagínate, ya también hay contaminación al agua subterránea de material peligroso”, señaló.

Por último, considero que en ese tema ha habido avances, ya que el Ayuntamiento ha instalado centros de acopio para dejar desechos que pueden reutilizarse, así como algunos que contienen sustancias peligrosas, como lo son las pilas, bombillas, electrónicos o aceites.

“El no saber lo que tenemos enfrente, no saber el peligro que tenemos en casa, el peligro de los materiales en el trabajo, el no saber de qué está compuesto cada uno de los insumos que compramos para vivir, ese desconocimiento nos hace no saber dónde tenemos el peligro y no nos hace pensar qué vamos a hacer cuando ya termine su vida útil”, finalizó.

Con información de: El Sol de Hermosillo